
En los últimos meses pasaba que una fecha futura me ayudaba a sobrellevar los días en el trabajo. Un viaje con mi esposa al extranjero o la celebración de mi cumpleaños. Enfrentaba cada mañana pensando “sólo X días más…” Ambas ocasiones han pasado ya y no tenemos nada planeado en el corto o mediano plazo, por lo que he me he dado a la tarea de hacer todo lo posible por tener mi cuerpo en la oficina pero la mente en otro lado, en una misión de no permitir que este encierro me impida ampliar mis horizontes. No quiero tener que admitir que, cuando finalmente tome otro camino mi vida, sólo pueda recordar al 2009-2010 con una simple nota: "sobrevivió".
No es que deteste mi trabajo: es sencillo y pone un techo sobre nuestras cabezas. Dudo que algún día vaya a despertarme emocionado ante el prospecto de seguir desempeñándolo de manera indefinida, sin embargo. Quiero otras cosas y estar en otros lados, pero por el momento entiendo que eso no es posible. Por eso, en las mañanas me permito un suspiro al sentarme, me pongo los audífonos y comienzo a teclear, pensando con optimismo en el día no tan lejano en el que por fin abandone esta forma de vida.
Pedro Arizpe, 17/08/10


Deja un comentario