
Todo parece indicar que van a cancelar
Arrested Development. Van a recortar la presente temporada a sólo 13 episodios, y aunque eso no quiere decir que oficialmente no la van a renovar el año que entra, es muy poco probable que lo hagan.
Hay quien dice que FOX no tiene la culpa, pues al menos todo este tiempo mantuvo en el aire una serie que siempre tuvo raquíticos niveles de audiencia. Yo digo que una de las grandes fallas fue que nunca supieron cómo vender la serie. De hecho, recuerdo que cuando anunciaban su estreno los comerciales no me parecían nada atractivos, y sólo la empecé a ver porque era lo que seguía después de los nuevos episodios de
Los Simpsons. No es una serie fácil de abordar, porque está ocupada haciendo lo suyo, sin hacerle muchas concesiones al espectador. Me encanta eso de la serie, que te obliga a prestarle toda tu atención, que requiere que estés pendiente de todas las historias de los personajes para lograr un fabuloso remate dos, tres episodios después de plantar la semilla de una broma.
Arrested Development es quizá la mejor comedia que haya visto. Más que
Seinfeld, más que
Newsradio, más que
Curb your enthusiasm. Pero nadie la ve. A nadie le gusta porque no tiene risas grabadas. Porque no utiliza los mismos estereotipos que la televisión norteamericana viene arrastrando desde los ochenta. Porque no tiene "episodios serios", que denoten su responsabilidad moral con la audiencia. Porque los chistes no están presentados con flechas y luces brillantes, sino que muchos aparecen de manera sutil, en inflexiones, en el fondo, en el contexto, en la idiosincracia única de cada personaje.
Me siento triste porque su latente cancelación es síntoma de un problema mucho más grande, del que he estado dolorosamente consciente toda la vida. La gente es estúpida. Eso es lo que pasa.