Aunque en repetidas ocasiones he declarado que el Dreamcast es mi consola favorita, no puedo negar que el Xbox tiene un lugar especial en mi colección. Desafortunadamente, para disfrutarlo al cien por ciento hay que quitarle las cadenas con las que viene de fábrica. Es sólo una vez que puedes desbloquearlo y puedes meterle todo lo que ilustres y brillantes hombres desinteresadamente han creado para la consola, que se hace evidente lo mágica que puede ser.
Desde el primer momento que tuve modificado mi Xbox convertí en mi proyecto personal el tenerlo siempre actualizado con todas las maravillosas aplicaciones que han aparecido para él. En todos estos años lo he venido convirtiendo en el centro de entretenimiento más sofisticado y eficiente que pudiera pedir. No es sólo que puedes jugar respaldos y roms, ver películas y escuchar música... sino la manera en la que puedes hacerlo: con estilo.
En el 2005 apareció un juego terrible llamado Fahrenheit, mejor conocido en América como Indigo Prophecy. Lo que lo los hace único entre el resto de basura que normalmente aparece cada año es que el juego llegó al mundo con tremendo estandarte que lo anunciaba como “el futuro de los videojuegos”. La emoción por su supuestamente innovadora mecánica era tangible después del primer vistazo ofrecido en la Electronic Entertainment Expo del 2004: conjuraba ideas de un juego que se transformaba continuamente en respuesta a las decisiones del jugador. Parecía ofrecer concretamente el santo grial de los videojuegos: el escape de la linearidad.
Cuando finalmente se lanzó, las reseñas fueron favorables con Fahrenheit, si bien no espectaculares.

¿Quién era tu abuelo?
Siempre he pensando que es una cruel realidad de la vida que, al momento de tener hijos, hombres y mujeres deben dejar de lado su identidad, su egoismo, para centrar el universo ya no en ellos mismos, sino en sus retoños. Si quieren ser moderadamente buenos padres, al menos. De ahí en adelante, la mayoría de las cosas que hagan no serán en beneficio propio, sino para ayudar a sobrevivir a sus hijos hasta que ellos puedan valerse por sí mismos. De que existe un grado de satisfacción en este hecho, no me queda duda; de hecho muchos dirán que la recompensa es mucho meyor que lo que se deja atrás. Pero no puedo dejar de pensar que a menudo la paternidad viene acompañada con el abandono de sueños, de dejar de ser uno mismo para ser conocido sólo como el padre de alguien más.
Pese a que ya había olvidado la mayoría de los pequeños detalles, mis recuerdos más vívidos de Infernal Affairs siempre me remiten a su lirismo, a su visión casi romántica y poética del eterno cuento chino de tríadas contra policías. A veces se pasaba de glamoroso: la psiquiatra me parecía más modelo de shampoo que doctora. Pero al final todo encajaba: era una tragedia elegante, donde los momentos más crudos se traducían en algunos de los más bellos de toda la cinta.
Cuando Scorsese se puso a trabajar en el refrito, todo parece indicar que este estilo le disgustó notoriamente. Su principal contribución fue tomar esta imagen poética y revolcarla en el lodo, darle diez patadas y volver a poner todo en su lugar. La hizo urbana, realista, fea.
Ahora bien, en últimas fechas, y como se comprobó con el lanzamiento del Xbox 360, los cargamentos de día del lanzamiento se han compuesto de cada vez menos unidades. Ya no es tan fácil entrar la tarde de ese mismo día a la tienda y tranquilamente salir con una consola nueva.
La verdad, al pobrecito lo he tenido trabajando a todo lo que da por poco más de tres años. Después de sufrir un par de meses de problemas eléctricos ligeros, algo finalmente se quemó por adentro y ya no prende. No es una tragedia; si acaso es sólo la molestia de andar privado de él por una semana, pues lo mando al taller y ya. Pero ignoro cuánto podría salirme la reparación... tengo cierta cantidad como tope, y me temo que no aceptaría pagar más que eso. Preferiría comprarme uno nuevo.
Ante esta posibilidad, que requeriría revisar la fecha de la próxima Venta Nocturna en Liverpool, me pregunté si no debería comprarme mejor un Xbox 360. Siempre me ha parecido un hecho inevitable, pero hasta la fecha no se han dado las circunstancias adecuadas, ni he sentido la urgencia característica que viene con una consola "que absolutamente debo tener". Ahora es posible que me la consiga en estos meses a falta de Xbox...
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