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Para inaugurar la sección de cortos animados de the ballad collection he elegido un brevísimo “Anuncio de Servicio Público”, en el que Bugs Bunny exhorta a la audiencia de cine a comprar bonos de guerra para apoyar a los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Si bien su mensaje es claro y directo, el corto en sí ha cobrado una  relevancia histórica negativa que sus creadores (en este caso, Bob Clampett) no pudieron haber previsto.
 
 
Empezar con este corto me permite sacar del camino un tema que aparecerá numerosas veces en las siguientes semanas. Muchos de los cortos que aparecerán en este espacio rara vez han sido televisados (de por si, son pocos los espacios para la animación de principios de siglo), y las razones por las que muchas de estas caricaturas han desaparecido de la faz de la tierra tienen que ver con las diferentes actitudes sociales entre épocas recientes y aquella en la que fueron creadas. En las últimas décadas el racismo se ha convertido en un crimen más perseguido que el canibalismo, y la destrucción de obras de arte ciertamente pareciera ser un pequeño precio para apaciguar las exacerbadas sensibilidades de ciertos sectores de la sociedad norteamericana.

La inmediata y brutal satanización de cualquier elemento que pudiera remotamente sugerir discriminación racial ha cobrado víctimas cuyo único delito ha sido, como todo gran arte, capturar las sensibilidades de su época. De que existen cortos animados cuyas descripciones de negros y asiáticos capturan la ignorancia de su época, existen, y en su momento las compartiré con ustedes. Pero existe tambien un grandísimo número de cortos que en la polvareda se han visto pisoteados, que nunca tuvieron actitudes discriminatorias y de los cuales se han confundido sus intenciones originales.

Notarán que poco después de la mitad del corto Bugs comienza a cantar, mientras se le transforma la cara: se le torna oscura y pareciera que la salen unos labios exagerados. Ésa parte es la que ha mantenido a esta pieza fuera de circulación: el “black face”. “Black face”, una tradición del teatro cómico minstrel estadounidense del siglo XIX, consistía en el uso de maquillaje (por parte de artistas blancos) para aparentar ser de raza negra, pintando su cara de negro y aplicando generosamente el blanco para dar ilusión de grandes labios. A mediados del siglo XX, la burda imagen se tornó icónica del maltrato y discriminación que había sufrido la comunidad negra, y desde entonces conjura imágenes de uno de los elementos más vergonzosos de la historia de Estados Unidos: la esclavitud.

Pese a que aquí en México no es raro encontrar ejemplos de racismo, la de los norteamericanos es difícil de comprender desde afuera, aunque no por ello es menos real. La caricatura es una exageración de los rasgos más distintivos de una persona, a menudo a niveles grotescos, para obtener un resultado cómico. El “black face” hace alusión a la piel oscura y los labios grandes... realmente no hay nada sorprendente al respecto. Pero en el subconsciente estadounidense se encuentra amarrado junto a elementos muchos más desagradables y genuinamente ofensivos, y la amigable cara del “pequeño sambo” causa dolor y rechazo. Recuérdese el reciente escándalo sobre Memín para medir las diferencia de percepción entre México y Estados Unidos.

Pero vaya, se puede cuestionar la inocencia del “black face” en términos históricos, pero en cuestión de animación, se requiere de un muy fuerte contexto para entender exactamente qué es lo que pasaba en las primeras décadas del siglo XX. Entre 1920 y 1940 se produjeron docenas de cortos en los que en algún momento aparecía un personaje maquillado a la “black face” y que lanzaba un gritillo: “¡Mami!”. Desde finales de los sesenta a estos cortos se les han editado esas partes supuestamente ofensivas, o si aparecen predominantemente, se entierran los cortos por completo.

Quien guste de este tipo de animación antigua notará (si tiene la suerte de toparse con copias sin censura) que este tipo de escenas abundan al irnos cronológicamente hacia atrás. Llega un momento, revisando los cortos de los años treinta, en el que parece que era obligatorio que apareciera alguien con la cara oscurecida diciendo “¡Mami!” ¿Quiere decir esto acaso que en los treintas los estudios Disney, Fleischer y Warner Bros. eran más racistas y se fueron sensibilizando con el tiempo?

¡Para nada! De hecho la inclusión del “black face” en la mayoría de estas caricaturas es algo tan... inocente, que es trágica la manera en la que son despreciadas hoy en día.

Aunque ya existían fuertes ejemplos de animación en los primeros años del cine, fue con la introducción del sonido cuando su popularidad se disparó. En aquel momento los “talkies” era la sensación, y todo mundo trataba de enfatizar el hecho de que ahora las cintas y cortos contenían diálogos y números musicales. Ésa es la razón por la que los cortos se llaman “Silly Symphonies”, “Merrie Melodies”, “Looney Tunes”: la música era algo vital, una tremenda novedad y las audiencias de aquel entonces abarrotaban los cines para disfrutar del fenómeno. No sería descabellado pensar que la primera cinta con música fue un evento revolucionario. ¿Cuál fue esta película?
 
THE JAZZ SINGER 

Dirigida por Alan Crosland y estelarizada por Al Jolson, su estreno en 1927 permitió al público experimentar secuencias de diálogos sincronizados con lo que sucedía en pantalla, marcando prácticamente el fin del cine mudo.
Todo mundo fue a ver The Jazz Singer, donde la escena climática mostraba a Jolson cantando, con maquillaje "black face", la canción "My Mammy": " Mammy! Mammy!/I'd walk a million miles for one of your smiles!/ My Mammy!"

Aun cuando no fue formalmente la primera película con audio sincronizado, ni tampoco era perfecta, había poqúisimas personas en aquel entonces que no hubieran visto The Jazz Singer.  Se convirtió inmediatamente en parte de la cultura popular, y es por eso que los cortos animados hacían constantes referencias al "black face": sabían que era un elemento fácilmente reconocible por la mayoría de las audiencias.

Aunque no hemos tenido un evento cinematográfico monumental en varias décadas, puede compárarsele con la aparición de The Matrix. Todos recordarán que tras su estreno casi todas las comedias parecían obligadas a meter con calzador una parodía estúpida donde el personaje esquivaba objetos en "bullet-time": recurrían a ello porque era un elemento tan reconocible por todos, que era una manera sencilla de arrancar una risa.

Desafortunadamente, y como sucede con muchas obras de arte producto de su tiempo, la carencia de un correcto entendimiento de su contexto se traduce en malentendido. Cuando los estadounidenses de 1940 veían a Mickey cubierto de hollín y gritando "mammy!", reían porque les recordaba esa fantástica primer película con diálogos y canciones. Cuando los estadounidenses de 2006 ven la misma escena, ven un gesto de odio, un recordatorio de un periodo perverso de su pasado.

Cuando Bob Clampett hizo cantar a Bugs Bunny "My Sammy, my uncle Sammy!", buscando las risas de sus contemporáneos, nunca se imaginó que décadas después este chiste le costaría (a él y muchos de sus colegas) un futuro de oscuridad. Como mencioné, este inocente gag aparece en muchos de los cortos que he recopilado, injustamente catalogados por ello como rarezas o prohibidos. Si bien algunos cortos requieren mucha mayor explicación o de plano son indefendibles, creo que es necesario aprender sobre la mente de su público meta para comprender por qué algunos chistes que resultan tan ofensivos o incomprensibles hoy en día pudieron arrancar carcajadas a principios de siglo.

Me extendí de más en esta introducción; no planeo escribir ensayos alrededor de cada caricatura. Sólo quería aclarar desde el principio este pequeño detalle, pues será algo que tomar en cuenta cuando alguien lance un "¡Mami!" en cortos futuros.



Pedro Arizpe, 17/12/06



hache
Posts: 1
Comment
Reply #1 on : Fri February 09, 2007, 22:42:01
queremos ensayos alrededor de cada caricatura!! :P

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