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Por fin, después de tanta fama de festival, pude ver Los Cronocrímenes, de Nacho Vigalondo. Tanto había oído mentarla que era difícil no esperar grandes cosas de ella. Como con Primer, armar una película de éstas requiere mucho valor y, seguramente, cientos de horas de preparación y atención al detalle. No queda duda que el resultado final es sólido y disfrutable. Sin embargo, a los pocos minutos de comenzar a verla supe cómo iba a terminar. Por azares del destino me descubrí vacunado contra la novedad de su historia.

La premisa y desarrollo de Los Cronocrímenes me recordó a un cuento de ciencia ficción de 1941 llamado "Por sus propios medios" ("By his bootstraps"), de Robert A. Heinlein. Lo habré leído cuando tenía 12 años, en La Edad de Oro, una bella antología recopilada por Isaac Asimov. Nunca olvidé esa historia por dos razones: porque la idea detrás de ella hizo estremecer mi joven cerebro hasta dejarme sin aliento una vez terminada la lectura, y porque su primera línea, "Bob Wilson no vio crecer el círculo", tuvo especial significado para mí en mis primeros intentos como escritor. Ni para qué mencionar detalles de algunas de las dos historias: quien no haya estado en contacto con el cuento o la cinta merece que no se le arruine el exhilarante viaje.

¿Plagio? No, antes de que aprezca que es mi intención era denunciar las similitudes, no llega a tanto la cosa. De hecho "Por sus propios medios" me parece una historia más limpia y redonda, sin la violencia sin razón (literalmente) de Cronocrímenes. Sólo, no se, me pone a reflexionar sobre aquello que dicen de que ya todas las historias están contadas. Pareciera que a veces lo más que se puede esperar es que las personas no las recuerden.

Les dejo este fabuloso cuento de Robert A. Heinlein, tal y como yo lo leí hace 17 años.

Por sus propios medios


Pedro Arizpe, 30/11/08



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