En cable actualmente pasan un comercial muy bonito sobre una computadora de HP llamada Touchsmart. Para qué describirlo si lo pueden ver ustedes mismos:
En la tele pasan una versión más corta del mismo anuncio. La verdad no le pongo ningún pero a la estética del comercial: es bastante atractivo. Dos cosas me molestan de su trasfondo, sin embargo: el producto en sí y la elección de la música.
I. Sobrevaloración del elemento "touch"
Aparentemente esta computadora de escritorio funciona con una pantalla táctil que, a diferencia de las tablet PC o productos similares (que tienen sus usos válidos), permite interpretar gestos como deslizar los dedos sobre ésta para que los contenidos de pantalla se recorran... como si se tratara de un iPhone/iTouch. Tengo que admitir que el concepto me parece una moda absurda que no entiendo cómo es que ha llegado hasta este punto.
¿Es de verdad más cómodo o conveniente restregar los dedos contra un pantalla en lugar de simplemente de hacer clic en una flecha o manipular una barra de desplazamiento? He notado que por años ha existido la noción de que las interfaces deben evolucionar de manera tan orgánica, visual y táctil que al final su uso resulte "lógico" o "natural". Pienso que, incluso cuando esta escuela de diseño busca acercar a la tecnología a los hombres y mujeres comunes, se vende la idea como si fuera la manera más eficiente de interactuar con una computadora. Nada podría ser más falso.
Ese breve demo al final del comercial me recordó tres ejemplos de ficción de esta extraña manía de complicar las cosas de manera atractiva pero innecesaria. ¿Recuerdan la interfase de Pre-crimen de Minority Report? Se veía bastante impresionante el hecho de que se pudiera manipular archivos con las manos, rotarlos, moverlos, guardarlos, etc. Tan apantallante era que Televisión Azteca sacó, tiempo después, unos comerciales del noticiero Hechos donde sus conductores aparecían moviendo ventanas semitransparentes con sus brazos. Lástima que en la posproducción de Minority Report olvidaron agregarle a Tom Cruise unos poderosos bíceps, resultado de andar agitando los brazos en el aire de 9 a 5 todos los días. Quizá también se cortó la escena en la que se acordaban con nostalgia de los tiempos en lo que lo más que llegaban a padecer era "dedo de mouse", no agotamiento por estar parados todo el día fingiendo conducir una orquesta.Otra brillante propuesta de interfase aparece en la cinta Disclosure (que apareció en México con el llamativo título Acoso Sexual). Recuerdo que a los quince años no tuve problemas para verla porque, de acuerdo a palabras textuales de mi padre, "de acoso sexual no tiene nada". Y era cierto: gran parte de la cinta trata sobre fusiones de compañías de IT e intrigas de oficina, así que es fácil olvidar que en algún momento Michael Douglas le rompe los calzones a Demi Moore. La compañía en la que ambos trabajan produce un prototipo de realidad virtual que hubiera podido llamarse "Windows Explorer: The Ride". Básicamente proponía que los usuarios se colocaran un casco y unos guantes especiales, que se pararan sobre una caminadora especial, y de pronto podrían encontrarse dentro de una biblioteca generada por computadora, que podía ser recorrida para accesar todo tipo de documentos archivados en ésta.
El problema (que yo noté, al menos) era que para accesar estos archivos se debía caminar físicamente por los pasillos de esta biblioteca virtual, abrir cajones virtuales, revisar carpetas virtuales y sacar los documentos virtuales. Todo como si realmente se estuviera en una biblioteca, lo cual se ve impresionante hasta que recuerdas que la razón de ser de las computadoras es el permitirnos no tener que ir a abrir cajones a bibliotecas.
El ejemplo más claro lo ofrece una vieja parodia de Saturday Night Live de 1994, llamada "Virtual Reality Books". En este sketch con formato de comercial se demuestra un revolucionario sistema de Realidad Virtual, que gracias a una avanzada tecnología permite al usuario disfrutar los clásicos de la literatura como nunca antes. La demostración permite apreciar cómo el usuario se encuentra en un "mundo virtual" en tercera dimensión (con gráficas poligonales que parecen salidas de una consola 3DO), en el que se puede ver una sala con una lámpara, una mesa y un libro flotante, cuya portada reza el título Moby Dick. Haciendo el movimiento físico de tomar el libro y abrirlo, el libro muestra m u y l e n t a m e n t e en su primera página las palabras "CALL ME" y al lado "More"; al darle la vuelta a la página aparece igual de lento la palabra "ISHMAEL". Más real no se puede pedir.Esta idea de que lo que se hace en la computadora debe ser análogo a actividades reales es absurda y retrógrada. Obviamente no todos podemos manejar la computadora usando sólo líneas de comandos, pero el hecho es que pareciera que las interfaces gráficas de usuario se dirigen a un futuro en el que no quedará huella de abstracción alguna, hasta que eventualmente aparezca un Pritt con conexión USB para facilitar la tarea de "cortar y pegar". La Touchsmart, vendiendo como atractiva la idea de que ahora puedes manosear tus fotos y videos, parece invitar al tipo de personas que no alcanzan a comprender siquiera el concepto de "hacer clic".
Es el tipo de cosas que pasan cuando una característica mona del iTouch se interpreta como un elemento vital o incluso un punto de venta.
II. Arruinando a Vivaldi a nuevas generaciones
Lo he dicho en otras ocasiones: adoro las composiciones de Antonio Vivaldi. Como otros aficionados al Barroco, debería estar emocionado por el hecho de que se use el tercer movimiento de "Verano", el segundo concierto de "Las Cuatro Estaciones", una de las piezas musicales más hermosas que haya producido el ser humano. En realidad me frustra bastante su uso, en primer lugar, porque se encuentra toda editada: eso simplemente no se hace. Se perdona que se reproduza un fragmento ininterrumpido, pero el cortar y mezclar para que se ajusten las "mejores partes" a su anuncio de un minuto es algo de muy mal gusto. Por algo en los libros de periodismo hacen énfasis en que nunca se debe editar o recortar una obra de arte: su valor depende del todo, no de la suma de sus partes. En una pieza donde son tan importantes sus "respiros" para evocar una tormenta, el prescindir de estos matices deja un "highlight reel" en el que el impacto original se ve disminuido. No es que prefiera que se armen un comercial de 3 minutos para acomodar toda la melodía... simplemente que hubieran pensado en usar otra pieza antes que mutilar a Vivaldi.Mi segunda objeción radica en que el uso de música clásica en anuncios comerciales la cosifica y asocia a un producto comercial o, peor aún, la convierte en mera música de fondo. De esto me di cuenta hace años, cuando al escuchar "Pequeña Serenta Nocturna", de Mozart, lo único en lo que podía pensar era en mayonesa Hellman's. Dejan de ser piezas dignas de atención para convertirse en artefactos parte de la escenografía. Algunas de estas obras clásicas las escuchamos de manera tan habitual que es imposible desligarlas de su acompañamiento visual o la situacion en la que se reproduce, y todo significado propio se ve enterrado por el del comercial de un shampoo, o algo igualmente corriente.
"Pero a mi no me atrae la música clásica", dirán algunos. Lo siento, pero esto es música, llana y simplemente. Independientemente de sus instrumentos o la época en la que se concibió, el único requisito para disfrutarla es tener un alma en el cuerpo. Para poder apreciarlo en serio es necesario olvidar que el tercer movimiento de "Verano" apareció en un comercial de Hewlett Packard, en Fantasia o en los anuncios de los hoteles Four Seasons. Tales asociaciones han hecho casi imposible el que la gente se siente, cierre los ojos y escuche con atención una pieza musical que debería hacerte preguntar cuál es el punto de que siguieran haciendo música después de 1723.
Así que no, no me enloquece la idea de que un "Verano tullido" sea utilizado como el tema oficial de un iTouch de escritorio.
Pedro Arizpe, 13/11/08


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