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Franklin es cariñoso, a menudo al grado de volverse irritante. Es, a la vez, una falla de su personalidad y parte integral de su encanto particular. Lo noté desde el primer momento en el que lo encontré afuera de mi casa: la mayoría de los gatitos abandonados en la calle se muestran recelosos ante los humanos, al aprender rápidamente que gran parte de su sufrimiento proviene de su mano. En realidad sólo quería llamar la atención del pequeño chilloncito, pero Franklin (en aquel entonces, Zeldita) inmediatamente corrió hacia mi. Inicialmente pensé que se estaba muriendo de hambre, pero después de todo este tiempo se que el pequeño venía desde el principio para dar y buscar afecto a toda costa.

Digo que a veces se torna irritante porque nos hace víctimas de su muestras de cariño de las formas más inconvenientes. Una de sus principales formas de conectarse con Sara es el de pararse sobre su pecho y estómago cuando esta sentada, ronroneando ruidosamente; el problema es que deposita todo su peso en sus patas y, con sus ya casi 6 kilos repartidos en sus patitas de alfiler, resulta una experiencia dolorosa. Otra es que desde muy pequeño, uno de sus mayores placeres es el de chupar los lóbulos de las orejas. Sin lugar a dudas es su actividad favorita, pues se entrega con total abandono, lo cual es triste: es una señal de que fue separado de su madre demasiado pronto, y chupar oreja lo lleva a un lugar de infinita felicidad. Igual, la experiencia al poco rato cansa, ya que en su frenesí comienza a estirar las uñas con ese masaje particular de los gatos ("hacer masita" le decían en mi casa), siendo el cuello el que recibe los cariñosos arañazos. Cuando lo cargo de la cama para echarlo del cuarto, aprovecha para echarme los brazos al cuello y comenzar a chuparme la oreja. Porque Franklin, en la medida de lo que puede, te abraza. Puedes negarle la oreja haciendo la cabeza lo más atrás posible, pero el gato pone sus patas delanteras alrededor de tu cuello y las mantiene ahí.

Aunque ya es poco frecuente, Franklin y yo constantemente jugabamos a pelear o peleabamos jugando. Cuando está muy activo, al acariciarlo un par de veces siente un deseo irresistible de morderme con fuerza la mano. Nunca he sabido si es porque le molesta o es su manera de jugar, porque en cuanto retiro la mano la sigue con la firme intención de hincarle el colmillo. Como siempre me sorprendía su mordisco, instintivamente le daba un manazo en la cara. En lugar de que deje de morderme, lo que hace ahora es morderme a la velocidad del rayo e inmediatamente, como acto reflejo, entrecierra los ojos, como si se preparara para el golpe. Lo que ahora hago, cuando se que se prepara a morderme, es simplemente negarle el brazo; eso lo vuelve loco. No queda contento hasta sentir sus colmillos hundirse en mi persona, y me paseo frente a él tentándolo, hasta sacarle unos maullidos lastimeros y enojados. Finalmente me descuido y, al salir del cuarto, se lanza sobre mi pierna y me da un micro-mordisco, para quitarse las ansias.



Todas las noches se sube a la barra de la cocina y se coloca entre la cortina y la ventana que da a la calle. Aunque todo el día prefiere acostarse en su cama o en la recámara, por las noches siempre se le puede encontrar viendo hacia afuera en alguna de las ventanas.

Franklin tiene una fuerte necesidad de estar todo el tiempo en la recámara. En las mañanas se le puede escuchar empujando con fuerza la puerta de hierro, a sabiendas que a veces no queda bien cerrada. Varias noche me ha despertado una presencia ronroneadora moviéndose en el colchón. Por un tiempo pensamos que el pobrecillo sólo quería estar con nosotros, y quizá sea cierto; eso no explica, sin embargo, por qué cuando salimos del cuarto él se queda acostado en la cama, sin intención de seguirnos. Pero es cierto que dentro de él existe una búsqueda constante de estar lo más cerca de nosotros. Aunque disfrute de quedarse dormido en la cama, siempre lo hace intentando tocarnos, incluso al grado de quedarse dormido con una pata estirada hasta tocarme el pie. "¡Manténte en contacto, Franklin!", le digo. Como dije, si pudiera doblar todavía más sus brazos, rodearía tu brazo o tu pierna con ellos. Como no puede, simplemente te sostiene con una pata a cada lado de la extremidad. No hay duda al respecto: aunque no lo necesita para quedarse dormido, abrazarte le provoca un profundo confort.

Eres un buen gato, Franklin.

Pedro Arizpe, 11/11/08



mario
Posts: 1
Comment
Reply #1 on : Thu November 13, 2008, 06:51:57
It aint easy being whiiiiiiteeee
It aint easy being brooooooown
All this pressure to be bright
I have kids all over town

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