No creo haberlo mencionado aquí antes, pero una de mis grandes aficiones de toda la vida son los cuentos de hadas. Es de esas cosas que realmente nunca salen en la conversación y que no siento necesario expresar constantemente, pero la fascinación ahí ha estado desde mi más tierna infancia. Tanto así que poco antes de entrar a la universidad había decidido ya tomarlos como tema de mi tesis de licenciatura. Poco antes de ingresar a Letras, sin embargo, se eliminó la necesidad de desarrollar una tesis como requisito para graduarse, por lo que "El valor educativo de la crueldad en los cuentos infantiles" nunca llegó a producirse.Aunque el título pudiera parecer sólo travieso interés morboso, el sadismo y terror imperante en los cuentos recolectados por los hermanos Grimm y Charles Perrault me fascinaban precisamente por su naturaleza necesaria, porque eran la esencia misma del relato. Lo que comunicaban aquellos cuentos populares europeos era que, sin importar que tan triste y terrible sea la situación, qué tan atemorizante sea la adversidad, al final el bien y la justicia triunfan. Por eso me parece una ironía cósmica la sanitización de versiones modernas, incluyendo las de las cintas de Disney, rebajadas por la idea de que los niños no deben de ser expuestos a semejantes terrores. Lo cual es absurdo: para que la moraleja tenga su mayor impacto, los niños deben experimentar todo el miedo del mundo, pues sólo así podrán sentir la poderosa catársis una vez que el mal fracasa.
Se ha escondido entonces que en Blancanieves, por ejemplo, la reina se come el corazón que el cazador le trae, pensando que es el de su hijastra. En la versión de Perrault, a Caperucita Roja se la tragan y ahí se acaba el cuento, dejando la muy seria moraleja de que las jovencitas debían cuidarse de los "lobos". Barba Azul será acaso uno de los pocos cuentos que nadie va adaptar nunca a un filme animado, pues trata sobre un viudo que tiene un cuarto lleno de sangre en donde se encuentran encerrados los cadáveres de todas sus esposas anteriores. Y, aunque se trata de una historia relativamente más moderna (1883), la parte de Pinocho en la que la marioneta se queda dormida frente a la estufa y se le queman las piernas siempre me llenó de infinita tristeza.
La belleza y asombro que estas historias me provocaban llegaron a obligarme a hacer una excepción en mi rechazo a las series no-animadas, ya que mi hermana y yo eramos ávidos espectadores de Faerie Tale Theatre, de Shelley Duvall, que era transmitido los fines de semana en canal 5 a mediados de los ochenta. Sólo el mes pasado apareció la colección completa en DVD, algo que tenía años esperando.
A propósito, hace unos meses me dio gran placer encontrarme el DVD de Jim Henson's The Storyteller, serie de la que vi muy pocos capítulos hace décadas en HBO. La mayoría de las historias hasta parecen estar elegidas por su pesar y melancolía, y aunque tenía diez u once años cuando vi la serie por primera vez, sus cuentos se me quedaron grabados en la memoria para siempre. Tanto así que hace muchos años, mi novia (ahora esposa) se quedó dormida una noche mientras le contaba el triste cuento de El Gigante sin Corazón. Esa era la idea, claro.Por pura casualidad, esta semana me he encontrado inmerso de nuevo entre cuentos de hadas. Una instancia fue sin proponérmelo: estaba viendo una colección de cortos del animador japonés Kihachiro Kawamoto (muy similares a los de Karel Zeman y Jiří Trnka, una escuela checa de animación cuadro por cuadro que me vuelve loco), y entre ellos se encontraba Briar Rose or The Sleeping Beauty, una revisión a La bella durmiente similar a la que recientemente hiciera Neil Gaiman de Blancanieves con Snow, Glass, Apples. El corto hace alusión a que el cuento de hadas sólo es una leyenda cuyo verdadero trasfondo es uno más terrenal, pero me picó la curiosidad la mención de Briar Rose, ya que insinuaba que estaba mezclando dos historias distintas.
No era realmente una historia distinta, sino una versión diferente. De hecho es algo más complicado (y probablemente poco interesante) que eso: en La bella durmiente, de Charles Perrault, la historia del reino que despierta de su sueño con el beso del príncipe a la princesa sólo cubre la mitad de la historia, que después detalla su vida de casados (en donde la madre del príncipe intenta comerse a sus nietos y su nuera). La versión de los hermanos Grimm, Briar Rose (o Rosa-con-espinas), cierra el cuento con el despertar de la princesa. Curiosamente, la historia de la Grimm es la más conocida, aunque bajo el título de la de Perrault... detalle frívolo, ya que ambas son versiones de una historia de inicios del siglo XVII.
Comprobé que Briar Rose se trataba del cuento que todos conocemos cuando vi el episodio del mismo nombre en Grimm's Fairy Tale Classics, una serie animada de la década de los ochenta que estoy seguro que nunca llegó a México: si por esas épocas disfrutaba extasiado El Mago de Oz, dudo que una serie de esta magnitud haya escapado mi radar. Grimm's Fairy Tale Classics cuenta con un enorme aprecio nostálgico por parte de los estadounidenses, y no es para menos: la mayoría de los episodios son fieles adaptaciones de casi todos los cuentos publicados en Cuentos para la infancia y el hogar, incluso los menos conocidos como Yorinda y Yoringuel, La anciana en el bosque y (¡gulp!) Barba Azul. Desafortunadamente, mi colección está incompleta y sólo cuento 40 de los 47 episodios.
Iba a profesar mi cariño por los cuentos de hadas (¡nótese que en ningún momento he dicho cuentos infantiles!) con algo más, pero ya es tarde y creo que se merece una entrada aparte. Me despido con último detalle que noté, por puro oído, cuando vi la entrada de Grimm's Fairy Tale Classics.
El pegajoso estilo de la canción se me hizo muy, muy conocido, y al poco rato me acordé. La melodía es similar a Sylvanian Families, mejor conocida en México como Bosque Mágico.
Una vez que comparé los créditos no quedó duda: ambos temas fueron escritos por Haim Saban y Shuki Levy. Aunque en los ochenta se les conoció por participar en docenas de bandas sonoras de caricaturas, años después se harían millonarios con la creación de Power Rangers.
Pedro Arizpe, 12/10/08



Posts: 2
Posts: 1
Posts: 2
Deja un comentario