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La medianamente satisfactoria mecánica de ir brincando de azotea en azotea (que se limita básicamente a mantener apretado "arriba" y un par de botones en el control) y la exquisita recreación de la Tierra Santa distraen a lo mucho media hora, para después transparentarse y revelar un endeble esqueleto de misiones genéricas y tareas rutinarias. Pese a lo masivo de las locaciones, es desesperante descubrir que no hay nada qué hacer en cada ciudad más que el puñado de mandados que te exigen antes de eliminar al enemigo de cada episodio. Tan evidente fue este hecho que Microsoft lo regresó a Ubisoft cuando se lo presentaron a revisión, obligándolos a poner algo más que hacer para el jugador, lo que sea, a lo que respondieron con el el recurso más bajo para alargar la vida de un juego: la búsqueda de miles de triques, esta vez en forma de banderitas. Paso.
La mecánica de combate no está del todo mal, lo que hace los últimos minutos del juego algo entretenidos. "El final", sin embargo, es uno de los abortos más anticlimáticos que me haya tocado presenciar: independientemente de que se queden cabos sueltos con la intención de desarrollarlos en la secuela, es imperdonable que un juego termine sin avisarle al jugador que ha finalizado. Ahí estoy como idiota esperando que algo más suceda, pensando que algo había hecho mal, hasta que el dueño del juego me aseguró que así termina Assassin's Creed. La propuesta de los mensajes ocultos diseñados para que yo mismo investigara e intentara descifrarlos no contaba que yo ya estoy vacunado de esas payasadas al estilo Lost. No me opongo a participar activamente en la experiencia, pero cuando todo el tiempo el juego no demostró la menor iniciativa de proveerme de diversión ¿por qué tendría yo que hacer su trabajo?
Recuerdo la incesante campaña publicitaria, que hasta se coló a los comerciales de canal FOX. El tráiler presumía del Santo Grial de la Inteligencia Artificial, con personajes que reaccionan a tus actos, así como de poder pasar desapercibido entre la gente. Oh decepción: el camuflaje al que se refieren sólo aparece convenientemente en locaciones selectas, y casi siempre con el mismo objetivo de poder cruzar una puerta. Y en cuanto a las "reacciones naturales" de los personajes, hacia el final del juego ya estaba harto de que cada que trepaba por el costado de una casa alguien dijera "What is he doing?", por lo que me bajaba inmediatamente y los agarraba a golpes hasta medio matarlos. Estas revoluciones de diseño no son mas que burdos y transparentes mecanismos que saltan a la vista y en vez de lograr una experiencia más orgánica, acaban siendo un constante recordatorio de lo artificialmente que está armado Assassin's Creed.
Como la película de Eragon o Advent Rising, Assassin' Creed merece ver truncada su supuesta trilogía si planean seguir ofreciendo lindas carcasas huecas como ésta. El mundo no se perdería de mucho si no aparece otro juego que se cree más importante de lo que realmente es.
Pedro Arizpe, 24/08/08



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