
Hasta el último episodio, los escritores mantuvieron la posibilidad de que Amber en realidad nunca dejó de ser Cutthroat Bitch: de que acabaría probando el nihilsmo de House y pondría en evidencia la mansedumbre de Wilson. La sospecha de que algo estaba detrás de la relación nunca desapareció y se adivinaba que en lo futuro algo iba a tronar. La unión de ambos personajes era demasiado aleatoria y sinsentido.
Siempre he pensado que House es una serie difícil de mantener fresca: históricamente han necesitado introducir fuerzas externas como obstáculo para el médico fuera de control, como Vogler o Tritter, so pena de que la ausencia de conflictos hunda la fórmula. Amber parecía completar la trifecta, con la misión de hacer destrozos en la vida personal de House y su mejor amigo y eventualmente partir, dejando al par intentando reconstruir su amistad.
En lugar de eso, hicieron algo muy hermoso. Confirmaron, a prueba de duda, que el amor de Amber era sincero. La conclusión ofrece material para abundar en por lo menos dos temporadas, pero requirió una impresionante cantidad de clase el no masacrar el personaje en aras de producir nuevos libretos.
Al final, lo que hace cautivante este cierre es la serie de miradas entre los personajes, que sin palabras cuestionan la clase de personas que son, fueron, y que ya no podrán ser.
Pedro Arizpe, 01/06/08


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