
Vale la pena leerse todo el asunto, tan sólo para contrastar los puntos de vista de la autora con los propios, pero en síntesis trata sobre lo siguiente: si bien las mujeres de cierta edad pueden darse el lujo de ser quisquillosas al momento de elegir el hombre con el que desean pasar el resto de sus vidas, la verdad es que esta ventana de oportunidad se va cerrando cada vez más y de manera más rápida conforme pasa el tiempo. Llega un momento en el que descubren que la espera por el hombre perfecto las ha orillado al temible prospecto de quizá terminar solas sus días. Tal fantasía sólo desemboca en un arrepentimiento, de por qué no eligieron a uno de aquellos pretendientes que hubieran sido un marido perfectamente decente. Es por ello que la autora reconforta a las mujeres maduras en su búsqueda de un hombre, cualquier hombre, y recomienda a las mujeres más jóvenes no aferrarse a concepciones irreales como que el amor debe ser parte del proceso o que deben gustarte si quiera: confórmate con que alguien se interesa por ti y aprovéchalo, porque después la cosa se pomdrá más y más difícil.
¿No me creen? Léanlo, lo escribe como la cosa más natural del mundo. Aquí ésta una de mis citas favoritas:
These women, like me, would rather feel alone in a marriage than actually be alone, because they, like me, realize that marriage ultimately isn’t about cosmic connection—it’s about how having a teammate, even if he’s not the love of your life, is better than not having one at all.Pero el texto entero esta lleno de joyas como ésa.
Hubo cierto momento en el que casi podía sentir que llegábamos a un entendimiento, Gottlieb y yo, algo en lo que podíamos estar de acuerdo: que muchas veces la idealización de la pareja perfecta se conforma de superficialidades, de requisitos que a la larga tienen mayor valor material que emocional o espiritual, y tanto hombres como mujeres se han perdido oportunidades de pasar su vida con su alma gemela sólo porque no les gustaba la risa del otro, o porque estaba un poco pasada de peso, o porque tenía las cejas pegadas, qué se yo. Pensé que mi idea de ver más allá de todos estos requerimientos cosméticos para descubrir que se había encontrado a una persona que te entiende, que te quiere, que se rie de tus chistes, era lo que ella llamaba "conformarse".
Pero no: Gottlieb ve, ya no digamos el amor, sino siquiera estar a gusto alrededor del hombre, como un requisito más que las mujeres deben tachar y enfocarse más en tener un cuerpo tibio rondando por la casa y que pueda ser la figura paterna para los hijos. Durante todo el articulo resonaba una y otra vez en mi cabeza la mantra que empapaba cada uno de sus argumentos: "¿y qué más da si no lo quieres?", y sentía que había mordido peyote podrido: todo un mal viaje.
Lo más deprimente era que podía ver que quizá tenía razón, al menos en la situación de las solteras maduras: no es secreto que la sociedad occidental valora más la juventud y un hombre maduro tiene mayor posibilidad de juntarse con una pareja de mucho menor edad, pero para las mujeres el panorama no es tan optimista. También creo que existe un reloj biológico que cada vez se va a haciendo más audible: vaya, si no existiera un sentimiento nato de querer procrear y tener una familia en las mujeres ya estaríamos extintos desde hace milenios. Así que no me atrevo a poner en duda esta cruda realidad y el pánico que puedan sentir la mujeres que la han alcanzado. Es la solución que propone Gottlieb la que encuentro desoladora.
Quizá sea injusto de mi parte juzgar esta "ayuda" que la autora intenta proporcionar, pues yo tuve la suerte de encontrarme a mi pareja ideal a la primera. No hubo que conformarse aquí, por parte de ninguno de los dos, porque era inevitable: lo que mi esposa y yo nos damos el uno al otro nadie más nos lo puede dar. Hubo alguna vez, cuando era adolescente, cuando llegué a concebir a la hipotética "novia" como un accesorio más, una parte de la vida al mismo nivel de los amigos, la escuela, los hobbies o el trabajo.
La realidad me hizo ver que se trata de algo infinitamente superior a todo lo demás: me arriesgo a caer en innumerables clichés, así que lo diré de la manera más sencilla posible: mi esposa hace que me sienta normal. Como al junkie que lo dejan sin su dosis, las veces en las que he estado separado de ella por largos periodos me descubren como un espectáculo poco agradable. He tenido la "suerte" de atisbar a lo que sería mi vida sin ella, y en esas ocasiones sólo puedo describirme de una manera: descompuesto.
Quisiera que todos pudieran tener la clase de relación que yo tengo con Sara, pero para muchos han podido más los prejuicios (ajustarse a lo que otros han impuesto como un modelo de pareja ideal, como concentrarse en lo físico) o el miedo a morir solos. A diferencia de Lori Gottlieb, yo no creo que sea tan difícil encontrar a la persona perfecta, sino que usualmente la búsqueda le da prioridad a cosas sin importancia, Creo que lo que realmente se debe buscar es ese sentimiento de naturalidad, de ver con definición a esa otra persona mientras que el resto aparecen borrosos, de estar en la misma sintonía... y así estén panzones, chimuelas o calvos, les guste el anime o las rancheras: ahí es donde está el final feliz. Esto sería conformarse sólo para alguien que mide con la vara que alguien más ha impuesto, llena de requerimientos baladíes. Para mi, es simplemente lo que debe ser.
Gottlieb ve a la humanidad como poco más que animales, destinados sólo a aparearse para obedecer el instinto de preservar la especie que todos llevamos dentro por default. Respalda sus argumentos con estadísticas y generalizaciones, sin sospechar que la mayoría de las personas sumidas en matrimonios sin amor no son "lo normal", sino... simplemente hicieron una mala elección. Quiero pensar eso, porque de lo contrario lo que ella propone es devastador: orillar a las mujeres a abandonar la posibilidad de encontrar a alguien que las quiera y las entienda, para convertirse acaso en un mueble más en la casa de un tipo sólo para no morir solas. O, un panorma que encuentro indignante, un mundo en el que hombres buscando el amor sean atrapados por mujeres que jamás tendrán sentimientos por ellos, sólo porque para ellas el matrimonio se ha convertido en una abstracción obligatoria (no por nada siempre me pareció repulsivo el personaje central de The Nanny).
Hay muchas tonterías que la gente busca en una pareja que deberían descartarse al momento de elegir a alguien, pero el cariño y entendimiento no son parte de ellas. Irónicamente, pese a que supuestamente lo hace por él, Lori Gottlieb no se da cuenta del gran daño que le va a hacer a su hijo al criarlo dentro de un matrimonio sin amor. Tengo la confianza de que la mayoría de los lectores verán lo inaudito detrás de las palabras de la autora; pero temo por aquellas que formarán familias completas basadas en las enseñanzas de Marry Him!
Pedro Arizpe, 27/02/08


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