Mi casa no es mía en realidad. Le pago a alguien más para que me deje usarla. Debería preocuparme más a menudo este arreglo, pero a fin de cuentas todo es prestado en esta vida, como diría algún abuelo en alguna parte.Solía vivir en otra casa, a la que le pertenecen los mejores años de mi vida. Desde que me mudé al lugar desde donde escribo esto no pasaba un día sin que la extrañara y me quisiera regresar. Después de mucho tiempo de sentirme vulnerable y confundido, poco a poco empecé a pensar menos en la situación, a estar menos consciente de que no era mi hogar ideal. Ha sido sólo en los últimos meses en los que he descubierto los primeros brotes de cariño a esta casa que no es mía.
Lo supe cuando hace poco, un día en el que me encontraba particularmente desesperanzado, en el que lidiar con problemas externos había erosionado toda mi autoestima y que por primera vez me puso a pensar en lo incierto de mi futuro en muchos sentidos, al cerrar la puerta y colgar el abrigo en el perchero pude sentir revoloteando dentro de mi, muy fugazmente, una sensación familiar y bienvenida. Fue sólo un segundo: todavía le falta madurar y decirme finalmente, en voz alta, las palabras con las que siempre me recibía mi antigua casa:
"Estás en casa. Estás seguro aquí".
La tésis de Mi Gran Artículo Jamás Escrito: el hogar es un espacio en el que puedes refugiarte de los problemas del mundo exterior, donde te puedes sentir completamente seguro. Es una realidad que sólo se torna descarnadamente evidente una vez que este espacio sagrado es violado y se descubre no tan seguro como se había pensado. Pregunten a cualquiera que haya sido víctima de un robo y les dirá que lo que mas les duele no es la pérdida de los objetos materiales, sino verse despojados de esa seguridad que daban por sentado.
No me sentía seguro aquí, al principio. Me sentía expuesto. Si había algo afuera que me molestara, no podía bloquearlo cerrando la puerta, sino que me seguía a la recámara, al baño, mientras veía la tele. No podía olvidarme de todo en mi perfecto oasis, como estaba acostumbrado. Comencé a darle señales a mi esposa de que no estaba contento, aunque los dos sabímos que nos habíamos mudado a este lugar por una buena razón, una por la que valía la pena apretar los dientes y darle un oportunidad. Además, sólo éramos yo y mi hipersensibilidad en busca de santuario los que teníamos un problema con la casa: a Sara no le aquejan esa clase de complejos. No por nada ella siempre ha sido mi roca.
Los primeros meses, al no sentir esta casa como mía, realmente no tenía deseos de hacerla mía: mis juguetes seguían guardados en cajas, y los cuartos se mantuvieron en estado meramente funcional: una TV y un sillón enfrente, nada realmente acogedor. Pero en diciembre, algo pasó: al tener un poco de dinero extra en mis manos y poco qué gastar en mi persona, comencé a comprar cosas de las que quería rodearme. Compré un mueble para colocar todos mis dvds, que permanecían escondidos en un clóset, y ahora los 200 están a la vista muy ordenaditos. Estábamos viendo calendarios para la cocina (vitales para saber qué vamos a comer en la semana) cuando uno de Alphonse Mucha llamó mi atención. Ahora cuelga en la pared detrás de mi escritorio, frente a mi, aunque sigue mostrando Enero... aja, listo, Febrero. No se usar calendarios, pero sí se lo que me agrada ver por todo un mes.
En fin, al parecer había olvidado lo que alguna escribí sobre Celebrity Homes: "Me permitía pensar en espacios propios, únicos. Rodearte de efectos que estéticamente te hagan sentir cómodo y bienvenido. Y que cuando alguien te visita, pueda ver en el interior que se trata indudablemente de tu hogar." Con un simple mueble y un calendario descubrí que ya no veía tan fácilmente las paredes, sino que lo que ahora me confrontaba era un artefacto de mi propia elección. Pensé qué más podría tapar esas paredes blancas que bien pudieran ser transparentes, y uno tras otro, como piezas de Tetris, objetos agradables a la vista fueron ocupando su lugar correspondiente. Un anuncio gatefold de Dragon Quest VIII hizo un atractivo afiche horizontal sobre el mueble de dvds. Un largo poster vertical de Shadow of the Colossus me alegra la vista al asomarse detrás de la pantalla de la laptop. Los juguetes encontraron pronto su lugar sobre toda superficie disponible. Agregamos un tapete cálido entre el sillón y la TV, y este cuarto grande y vacío ya comienza a sentirse pequeño y familiar.
En otros lados de la casa empieza a verse nuestro sello también. La alacena que yo armé está cubierta de flores y estrellas. Los viajes de Sara están presentes en la sala, sobre el mueble del estéreo. Magnetos de Nueva Zelanda, Disney y Conan O'Brien adornan el acero inoxidable del refrigerador. Se puede ver que un gato vive aqui y que lo tenemos extremadamente chiflado, pues sus juguetes y comodidades están por todos lados. Franklin merece todo un escrito aparte sobre sus andanzas, pero también es parte importante de que la casa no sólo se sienta como "una casa": siempre que regreso en la mañana después del trabajo lo encuentro esperándome, sentado en la ventana. Todavía me sorprende.
Casi un año me tomó rendirme y comenzar de nuevo a colocar parte de mi mismo en estas paredes. Si bien solía ser que el mundo desaparecía una vez que me encontraba dentro de mi antigua casa, aquí digamos que una vez adentro el exterior apenas comienza a bajar de intensidad. Siguen colándose los problemas del trabajo, el vecindario, el dinero, y otros más que preferiría no tener que aguantar, pero de pronto me llegan pequeños ratos de tranquilidad que no sentía desde hace meses. Ésa es la felicidad para mi: un rato de tranquilidad, sin preocupaciones. Extraño esa sensación.
Preocupaciones me han quitado el tiempo y ánimos para escribir: por eso mi ausencia. No se cuándo o si las cosas vayan a cambiar pronto, pero ese sentimiento pasajero me da la confianza de que pase lo que pase, esta casa tiene potencial para convertirse en un aislante de toda esa basura con la que a veces tengo que lidiar. Quién sabe: es posible que eventualmente pueda volver a seguir reportando en vivo desde un búnker perfectamente acogedor.
Falta mucho por hacer todavía, sin embargo.
Pedro Arizpe, 05/02/08


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