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La cosa es, escribo esto porque he estado teniendo sueños bastante buenos últimamente.
Tan buenos, que no me explico de dónde saca mi cerebro la materia prima para tanta maravilla. Cuando digo buenos, me refiero a esos que me hacen aullar al despertar, por querer saber qué pasaba a continuación. Sueños estructurados, coherentes, emocionantes, con arcos narrativos, clímax (de la historia, me refiero) y toda la cosa. Tan buenos, que he estado empezando a comparar mis fuentes normales de entretenimiento con mis sueños, y el cine y la TV acaban perdiendo. Si seguimos así, voy a empezar a dormir con una cubeta de palomitas al lado para disfrutar al máximo de estos blockbusters oníricos.
Ayer por ejemplo, soñé el final de la trilogía de Matrix. Ahí estaban algunos de los personajes de la serie, pero la historia era muy distinta. Lo que más recuerdo era que yo, como protagonista, no era un superhumano, sino un atleta muy inteligente: lograba salvar el día siendo una persona normal. Una escaramuza con un robot gigante, en las que se demolían cuadras enteras, la libraba gracias a fuerza, estrategia y buenos reflejos. Todavía me acuerdo de fragmentos y me emociono.
Al final "la película" se desarrollaba así: la gran ventaja que los humanos tenían sobre las máquinas es que por muy avanzadas que eran, habíamos encontrado maneras de infiltrarnos a sus "pensamientos", con resultados limitados. La gran barrera resultaba en que entre más se quisiera adentrar uno al cerebro de las máquinas, esa parte mental que lograba entrar no podía regresar: el fragmento testigo se quedaba atrapado en la red de comunicaciones de las máquinas, y la persona, si no quedaba en estado vegetativo, ciertamente no volvía a ser la misma. Frustrante cómo esto era para los científicos, pues sólo se podía atisbar un poco antes de que hubiera daño cerebral, los intentos por espiar los pensamientos de las máquinas proseguían pues, pese a que las máquinas ya tenían conocimiento de esta técnica, estaba confirmado que no podían detectar la presencia humana dentro de su corriente de pensamientos. Se había llegado a un punto crítico, sin embargo, pues las máquinas habían comenzado a intentar el mismo proceso en los humanos, y miles de prisioneros estaban siendo sometidos a torturas y experimentos para descubrir el funcionamiento de nuestro cerebro.
Y aquí es donde entra Morfeo. En vez de querer enseñarme kung fu o a "creer", por mucho tiempo había estado intentando lograr una conexión telepática conmigo, seguro de que existía el potencial en ambos para unir nuestras mentes. Eventualmente lograba "despertar" esta conexión, y podía comunicarme con Morfeo sin cables. Su verdadero propósito se revelaría con su máximo sacrificio, sin embargo, al introducirse completamente dentro de la mente de las máquinas, dejando su cuerpo clínicamente muerto. Atrapado dentro de las máquinas, pude ver con sus ojos todo lo que éstas sabían, y lo que no querían que supieramos, todas sus estrategias y sus puntos débiles. La conciencia de Morfeo, aún viva e invisible para las máquinas, nos guiaría para ganar la guerra, aun y cuando la victoria significara su propio fin.
Me desperté pensando, "wow, sería genial si Matrix 3 contara una historia así". Luego me acordé que esa película ya había salido hace tiempo y que acabó siendo un tratado alegórico sobre el libre albedrío. ¡Bah!
Lo más curioso es que dudo que algo así se me hubiera ocurrido despierto... quizá con mucho esfuerzo, tras una fuerte lluvia de ideas. Pero me descubro inventado escenarios y mitologías mientras estoy inconsciente. Quién me viera.
Hoy volvió a pasar: soñé que era parte de un Fatal Four Way en un evento de la WWE, junto a Kane, Jeff Hardy y Hornswoggle. Creo que la semana de vacaciones me sentó bien o algo.
Pedro Arizpe, 05/11/07



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