Este texto toca de manera libre temas que probablemente resulten desagradables para ciertas personas, como la menstruación y las heces fecales. Así que sobre aviso no hay engaño.

Desde hace como un par de meses en el cable comenzaron a pasar un comercial de toallas sanitarias que, como siempre ha sucedido con ese tipo de comerciales, muy apenas alcanzaba a registrar mentalmente. Porque, pues, no me interesa, ¿no? En fin, un día finalmente salí de mi estupor y le puse atención al comercial. Una chica abre la puerta de su departamento y en la entrada está otra chica, vestida completamente de rojo, maquillada, muy sonriente. La otra hace un gesto de hastío y le dice “ay ya sabía...”, y ella le responde burlona, metiéndose al depa: “¡¡ya pasaron veintiocho díaaaaas!!”
La dueña del departamento blande una toalla sanitaria, como si mostrara su arma secreta. La intrusa se alarma y dice “¡no, no, no, no quiero accidentes!”. De ahí comienzan a discutir sobre las bondades de esta nueva toalla: la intrusa, con sorna, buscándole peros y la otra chica refutándolos con maestría. Al final la rojiza amiga se descubre derrotada ante la lógica aplastante. Se acabó el comercial y le dije a Sara:
“Amiga metiche, ¿qué quiere?”
Ella se me quedó viendo, incrédula, y finalmente me explicó lo que quizá ya la mitad de ustedes han descifrado, aún sin haber visto el comercial: que la “amiga”, interpretada por la misma actriz, es en realidad su periodo menstrual.
Sí, me sentí algo idiota en ese momento, pero vamos: no es que no sepa todo lo que haya que saber sobre la menstruación, sino que es algo tan ajeno a mí como hombre, que no lo conecté de inmediato. Para las mujeres, que no necesitan ningún recordatorio, el comercial es de lo más transparente.
Claro que después de ver la luz, el comercial me pareció uno de los spots más inteligentes que haya visto en mucho tiempo: presenta de manera literal un eufemismo, en un lenguaje que las mujeres puedan entender enseguida, sin mencionar explícitamente qué es lo que está pasando.
¡Hablé demasiado pronto, sin embargo! Al día siguiente dejé grabando unos episodios de Los Simpsons, y entre los comerciales volvió a aparecer el comercial de la toalla. Ahora sí le puse atención, tan encantado como había quedado con el concepto, pero algo me confundió mucho. Cuando Sara llegó de unas vueltas, le mostré el comercial y le pregunté: “¿siempre ha tenido eso al principio?”. Al verlo, casi se muere de la risa.
Pongo a continuación el comercial. Desafortunadamente, es ya la versión reducida que pasan casi al final del ciclo de todos los comerciales, y está fuertemente editado: casi todos los argumentos burlones de "la amiga" los eliminaron, y también cuando al final se pone toda triste. De todas maneras, el cambio más fuerte todavía puede apreciarse en los primeros segundos:

“VERO”.

“SU REGLA”.
¡No, claro que no tenía esas explicaciones al principio! ¡Ahora es como, es como la narración al principio de Dark City, que arruina por completo la autosuficiencia de la imagen! Pero bueno, yo que digo: yo fui el primero en caer. Le digo a Sara que probablemente miles de hombres se quejaron de que no entendían ni jota de qué estaba pasando, preguntándose si todas las amigas eran así de irritantes (ahem) cuando se ponían a hablar de toallas. Porque no hay manera de que las mujeres no entendieran perfectamente desde el primer segundo lo que trataba de transmitir la escena.
Supongo que quien haya ideado ese comercial se puso triste cuando le dijeron que había que hacer más explícito quién era quién, o de lo contrario habría disturbios en las calles. Si de por sí hay quienes se quejan de que algunos comerciales son muy explícitos (que no es cierto: me tardé AÑOS en entender qué era ese líquido azul), éste en particular casi usaba un lenguaje secreto que lo decía todo sin aludir al hecho en sí.
No puedo hablar por todos los hombres, pero al ser algo tratado de manera super secretiva por las mujeres (que bueno, yo no le veo nada de vergonzoso, pero se respeta su intimidad), no encuentro raro que no me pareciera algo inmediatamente obvio. Me decepciona un poco que tuvieran que rebajarlo, pero en fin: uno normalmente no le busca subtextos a los comerciales, como evidencié con mi primera reacción.
Hace unos días me tocó una especie de bizarra venganza, y la verdad no es muy agradable de relatar... pero vaya, al menos ahora se que no soy sólo yo. Y así como a los hombres nos puede pasar de noche las referencias a la regla, tengo confirmación de que lo que voy a detallar, las mujeres no lo entienden, y jamás lo entenderán.
La segunda mitad de la onceava temporada de South Park ha dado hasta el momento tres excelentes episodios: mientras que las dos partes de “Imaginationland” pintan para ser tan épicas como lo fue “Cartoon Wars” el año pasado, y “Little Tourette” fue un muy buen episodio normal, “More crap” ha sido el episodio que me sacó más carcajadas. Vagamente inspirado en la trama del documental King of Kong, el episodio cuenta la historia de Randy Marsh, el papá de Stan, quien tras haber sufrido un prolongado estreñimiento se obsesiona por tener el récord del excremento más grande jamás expulsado. El laxante que le recetó el doctor le sacó una impresionante pieza fecal. Tan espectacular es la caca que se avienta, que no puede evitar reaccionar de la siguiente manera:
¡En fin! Lo que quiero decir es que no le encuentro ningún atractivo a un trozo de popó, pero aún así... cuando apareció esa escena en South Park me quedé un poco sorprendido y dije, muy bajito, probablemente mientras se me subía el color a la cabeza: "esto es... muy real". La cara de Sara fue la misma que la de la esposa de Randy, y le dije lo mismo que repitieron incontables veces en el episodio: no entenderías. Porque yo mismo no se cómo explicar, pero ese tipo de logros asquerosos... es bien dificil contenerse y olvidarlos.
Es como cuando un día te metes el dedo al oído para rascar el canal, como cualquier otro día, y al sacarlo... ¡blup! sale un fragmento de cerilla del tamaño de un borrador de lápiz pegado en la punta del dedo. ¡Yuck! Lo obvio es buscar una servilleta o de perdido embarrarlo abajo de la mesa... pero... ¡es enorme! Es como ver una Venus de Milo de cerilla erecta sobre el dedo, hasta dan ganas de ver si huele tan impresionante como se ve. Te puedes deshacer de ella, y de hecho es lo más sano e inevitable, pero ¿cuándo voy a ver un espectáculo como éste otra vez? Es demasiado impresionante como para que sólo lo vean tus ojos.
Obvio que no se trata de que, como Randy en el episodio, se le ponga en un pedestal como coleccionable. Pero sí... una especie de orgullo malsano opera en este tipo de situaciones. Yo nunca invitaría a nadie a venir a ver lo que hice en el baño, pero si ha habido ocasiones en las que, cuando finalmente jalo la cadena del inodoro, es con un suspiro mientras pienso "lástima". Lástima de qué, exactamente, no se, pero se siente un desperdicio mandarlo al caño, si pueden creerlo.
Randy lo racionaliza como si fuera similar a concebir a un niño, lo cual es hilarante porque le dice a su esposa "¡tú no entenderías lo que eso se siente! ¡Qué algo haya salido de mi cuerpo!" Yo podría más bien entenderlo como sorprenderse ante lo extraordinario que logra nuestro propio cuerpo. Tener ya bien cuantificado de lo que es capaz, y que de pronto de la sorpresa, aunque sea con la cantidad de desperdicios que puede producir. Es ante este suceso extraordinario que nace la necesidad de hacer una marca, un recuento de que ha sucedido este logro accidental, antes de volver a la rutina. Es sólo un impulso, sin embargo, porque más temprano que tarde la realidad de que nos hemos quedando viendo atentamente un cerote golpea y que hay que hacer lo que se debe hacer con el estiércol:
Quizá algunos lectores varones leerán esto y pensarán "¡mentira, yo no pienso en cochinadas ni me admiro de mi mierda!" Ni hablar, me abstengo de hacer generalizaciones, pero después de ver South Park puedo tener la seguridad de dos cosas: que al menos Trey Parker y Matt Stone han llegado a sentir la misma "fascinación", y que las mujeres jamás podrán entenderla. Yo no entendí de buenas a primeras el comercial de Kotex, aunque ya después me pareció muy claro y lo disfruté bastante; este tipo de cosas, sin embargo, me atrevo a concluir que de plano están ausentes en la psique femenina. Y no creo que pierdan el sueño por ello.
Pedro Arizpe, 22/10/07


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