Estoy haciendo el esfuerzo por usar un teléfono celular de nuevo. Es un modelo bonito, con muchas funciones útiles, pese a que sigo teniendo sólo tres contactos, y básicamente lo utilizo para estar en contacto con Sara. Pero ahora ya hago nota mental de tenerlo con saldo, cargarle la pila y cargarlo conmigo cuando salgo a la calle... hábitos que nunca he tenido y que me sigue costando desarrollar.
Hace unos días le mandé un mensaje a Sara en relación a algo que habíamos acordado horas antes: “Si puedes conseguir un aguacate mas suave, mejor. Queda poca leche.” Mientras formaba la palabra “aguacate”, estuve terriblemente tentado, medio en serio, medio en broma, a poner “h2okt”. Inmediatamente me ganó la vergüenza y puse todo como la gente decente. Por un segundo me sentí seducido por las indulgencias que las limitaciones del medio permiten, lo que me hizo contemplar la cantidad de disciplina que se requiere para no caer en la trampa. No es fácil, la verdad. Pero la alternativa es atroz.
Ya hace muchos años una… extraña, de hecho, me recriminó en el ICQ que escribiera tan correcto: “x es el icq”, me decía. Más recientemente, me mostraron una nota sobre estudiantes de secundaria que entregaban exámenes llenos de abreviaturas y reemplazando todas las apariciones de “c” y "qu" con “k”. No me preocupo por ellos: es su funeral, después de todo. Pero cuando invariablemente se les llama la atención por expresarse como cavernícolas, siempre salen con la misma frasecita: “Pero me entendiste, ¿no?”
No amigos, la verdad no los entiendo, porque ustedes no entienden que la comunicación es más que palabras sueltas.
Si bien con un poco de traducción imbécil-español puedo lograr entender cuál es el sentido básico de lo que intentan comunicar, no sufre uno lo suficiente tratando de transmitir entonación y demás sutilezas sin las bondades de la comunicación no verbal, como para tolerar que gente normal sea tan haragana y prefiera hablar como retrasado mental.
Porque creo que no queda claro que la necesidad de escribir correctamente no es una imposición fascista, o un freno a la evolución del lenguaje. Las reglas de expresión nos permiten mantenernos al mismo nivel comunicativo. Rompe estas reglas, y generas un cisma contra los que las siguen, dificultando la comunicación. El efecto resultante: quien rompe las reglas parece que no sabe expresarse correctamente y suena, sí, suena, como un absoluto imbécil.
No es sólo es la simplificación la que suena estúpida: cuando veo que alguien escribe todo en mayúsculas lo bloqueo por completo ante la impresión de que es el discurso de un lunático. No es una arbitraria regla de etiqueta tampoco: históricamente, mucho antes del internet, escribir todo en mayúsculas se ha utilizado como medio de llamar la atención, el equivalente textual de la exclamación y el grito. Es útil para cuando queremos, efectivamente, transmitir que estamos gritando, pero su uso indiscriminado reduce el discurso a berreos de crío.
Es puro sentido común no tratar a la comunicación de manera unidimensional. Debería ser obvio que no sólo se trata de lo que se dice, sino de cómo se dice.
Quizá no esté del todo relacionado, pero me da pena ajena cuando veo que en comentarios de blogs y fotologs responden una pregunta en el espacio de quien preguntó, en lugar de donde se formuló. Tiene tanto sentido como ir a la casa de un amigo a preguntarle algo y esperar hasta que éste te visite para que te de la respuesta. Luego por eso hay comentarios que aparecen de la nada, sin ningún sentido, y ni manera de rastrear la pregunta original. Si la comunicación va a ser exclusiva entre esas dos personas, ¿por qué no mejor se mandan un correo?
Estos vicios son perturbadores por la estupidez de su origen. Si la simplificación del lenguaje obedece a las limitaciones del medio predominante: ¿que en vez de minar el vocabulario para ajustarlo a su pobreza, no sería preferible ampliar las posibilidades del medio? ¿Si tengo piedras en la boca, no sería mejor sacármelas, en lugar de inventar un nuevo código para que me entiendan?
La razón que dan, me supongo, es que así es más rápido y fácil. Qué bien. Esa tendencia de preferir lo más cómodo en lugar de lo correcto nos ha funcionado de maravilla hasta el momento, después de todo.
Pedro Arizpe, 15/07/07


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