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Debo admitir que la negatividad en relación a Spider-Man 3 me sorprende. En especial la quejas de que se trata de simple entretenimiento palomitero, porque si algo la convierte en la menor de la franquicia es que el pesado subtexto se apodera de la trama en más de una ocasión.

La tendencia con las películas de Spider-Man ha sido la humanización de sus villanos, siendo la debilidad e inmadurez de Peter Parker el verdadero antagonista de la serie. En esencia, la tercera cinta muestra la otra cara de la moneda que presentó la segunda, y que sintetiza el mensaje de toda la serie: “Un gran poder exige gran responsabilidad”: Spider-Man 2 lidia con el peso del sacrificio que exige ser superhéroe, mientras que Spider-Man 3 se concentra en los excesos en los que cae Parker, seducido por el poder.

De hecho, los villanos son los personajes más sencillos en su construcción, sin desviarse de la línea trágica de sus contrapartes anteriores. Flint Parker es un hombre orillado a la violencia por desesperación, mientras que Eddie Brock es simplemente ambicioso y arrogante: su “villanía” proviene de un vago artículo extraterrestre, un agente externo similar al que se apodera de Octavius en Spider-Man 2... y de hecho, al que enloquece a Norman Osborn en la primer película. Sam Raimi desde el principio se ha distanciado de un conflicto “bien vs mal” (por ello quizá le disgustaba la idea de Venom como un villano: por su determinación básica y superficial), y ha hecho del centro de atención el conflicto interno de un niño que no sabe controlar su vida por culpa de un don excepcional.

Mucho de la cinta se centra también en que quienes lo rodean son personajes igual de falibles y volátiles que Parker: Harry Osborn se deja apoderar de una sed de venganza necia, y a Mary Jane le ganan más los celos profesionales al ver que el gusanillo de su novio goza de la fama que debería ser suya. Rodeado de tanta imperfección, afectado por rechazo y agresividad, es natural que comience un descenso en el que la indulgencia le gana a la rectitud. Es una interesante deconstrucción del héroe que está diseñada para extrapolarse a todo tipo de escenarios, no sólo el de un sobrehumano, sino la de cualquier persona que tenga un don o responsabilidad que no lo excuse de sus fallas humanas.

Sí tiene puntos negativos: personalmente pienso que las escenas de pelea son demasiado vertiginosas y mareadoras. No es culpa de la película en sí, sino de una corriente bastante fea que nació del uso excesivo de gráficas de computadora donde no son necesarias. A menos que hagas énfasis en que todos los movimientos son 100% reales, generar una lucha con gráficas computarizadas realmente no causa asombro. Se alcanzó el techo de cristal con Matrix Revolutions: cuando gracias a la computadora una persona puede tener fuerza supernatural, un puñetazo bien colocado no impresiona. Se debe acudir a secuencias exageradas al estilo Dragon Ball Z, donde los contrincantes se arrojan pedazos de edificios y destruyen cuadras enteras al hacer impacto... y es un engolosinamiento que me deja frío. Me impresiona más ver actos de fuerza y agilidad en la lucha profesional, sabiendo que son personas comunes y corrientes, que imágenes falsas que pueden ser tan fuertes como la tecnología lo desee. La última escena de peleas disfrutable la encontré en la estupenda cinta tailandesa Tom yum goong, donde con Tony Jaa no hay duda de que estamos presenciando habilidades excepcionales.

Así que no, aunque la gente se queja de que hay pocas peleas, a mi me parecen sólo una distracción necesaria para pausar el drama. El otro punto cuestionable lo encuentro en la pobre inclusión de Venom. Eso sí me dolió, porque yo hubiera deseado que se le dedicara toda la película, y no que apareciera hasta poco después de la mitad. De hecho, antes de que se pensara en llevar al cine a Spider-Man, yo pensaba que la historia de Maximum Carnage sería una excelente cinta: todavía lo pienso, porque a pesar de toda la masacre, el centro sigue siendo la personalidad de Peter Parker, y su difícil decisión de no matar a Carnage. Es, de nuevo, la necesidad de Sam Raimi a gravitar a villanos trágicos la que hace que la cinta ocupe su tiempo en Sandman, quien realmente no es favorito de los fans, mientras que la presencia de Venom se antoja más resultado inevitable del extraterrestre simbiótico, quien sí tiene un fuerte rol en la historia. Así como están los dos hechos bulto, algo no acaba de cocerse.

Hablando de favorito de los fans, la críticas más absurdas que he leído vienen de aquellos que se quejan de los cambios al canon. Lo mismo pasó con V for Vendetta. Que si esto no pasa así en el comic, que éstos en realidad nunca se conocen, que si tal nunca se muere... Las primeras cintas de X Men y Spider-man tuvieron éxito no porque se apegaron a los sucesos de la historieta (de hecho tienen cambios bastante radicales), sino porque respetaron el subtexto que las hizo obras importantes. Mientras el sentido permanezca tal cual, que se hagan todos los cambios de nombres y personajes que quieran, que al cabo estamos hablando de medios y lenguajes distintos.

Creo que he llegado a la conclusión de que todas las películas de Spider-man han sido ridículamente mal vendidas como cintas de acción cuando en realidad son dramas de fantasía. Juntamos estas expectativas con las de quienes se aferran al comic original como si fueran Escrituras, y sí, entiendo la decepción...

A mí me gustó.

Pedro Arizpe, 25/06/07



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