La partida de Luiz de los interwebs y la general apatía a la que finalmente está llegando el "web 2.0" (que para mi es un concepto que sólo enfatiza el elemento "moda" de utilizar herramientas que no tienen valor propio, honestamente) me regresa siempre a la cuestión de por qué escribe la gente en la red. Más que presentar mis teorías, bastante negativas en general, sobre contenido generado por usuarios, hay momentos asociados con esta página que me provocan reflexiones divertidas. Me llevan más allá del "escribo para mi", "para exorcisarme", "para que me quieran" (hehe) y veo que en mi caso la situación es relativamente compleja. Por ejemplo, van varias ocasiones en las que un pequeño logro personal me empujan a escribir algo al respecto. Inmediatamente me detengo y pienso, "hey, ¿a quién le va a interesar que cambiaste con éxito los empaques de la regadera, o que reforzaste la protección de la red inalámbrica colocandro filtros de direcciones MAC?" E inmediatamente, otra parte de mi cerebro replica "hey, creí que habíamos decidido que no íbamos a escribir para los demás, sino para nosotros". Y la otra dispara en respuesta "¿Cuál es el punto entonces? Tú ya lo sabes, no hay razón para hacer una transcripción pública a menos que en realidad necesites una audiencia. Puedes escribirlo en un diario privado, si en realidad es para sólo para ti". Y así, cuestiones en conflicto me indican que no es tan blanco y negro el asunto. Casi siempre esta discusión interna se soluciona cuando a la hora de la cena me siento a aburrir a Sara con la emocionante historia de cómo me apuñalé la mano hasta el hueso queriendo quitar las grapas de una caja.
Creo que en mi caso, sí requiero la atención de alguien, pero no en mi, sino en algo que yo he creado. Es la diferencia entre querer ser famoso y querer ser actor, por así decirlo. Recuerdo mucho los pasajes de un libro que me regalaron a los quince años, que versaban sobre la manera de generar ideas para escribir una historia. Muchos eran bastante sensatos, pero el que me ha acompañado todo este tiempo y desde entonces ha sido "Escribe algo que te gustaría leer a ti". Esa línea explica muchos de mis cómos y porqués a la hora de sentarme frente al teclado. Explica por qué después de leer un artículo, reportaje o post de blog particularmente mágico me dan unas tremendas ganas de seguir el ejemplo. Este deseo no se formula como "¡Quiero ser como _______!", sino como un "¡yo quiero hacer algo igual de bueno!"
No se trata de montar un texto, un título, introducción, desarrollo y conclusión, y quizá ponerle un par de imágenes ilustrativas. Se trata de utilizar las herramientas para crear algo tangible. Que con mis palabras, con suerte pueda recrear un momento en el tiempo, transmitir una emoción, desencadenar reflexiones. Son mi caja de herramientas, y aunque al final sólo haya logrado una pajarera endeble de reseña de película, al menos es algo que no estaba antes ahí. Una de las interpretaciones que más han caído en desuso del ejercicio creativo es el de usarlo de catalizador para originar aún más creatividad: no sólo absorberlo pasivamente, sino canalizarlo en nuestra propia forma de expresión. Y eso es lo que me pasa cuando me topo con la creación de una mente divertida, brillante o apasionada: quiero ver si puedo crear algo similar, y así convertirme en un eslabón de esta cadena productiva.
Ese impulso, entonces, de querer relatar mis hazañas triviales o mi opinión sobre tal o cual tema, no es por el aplauso, por pensar que hay gente "con el pendiente"... pero definitivamente sí toma en cuenta otros ojos. Es querer tomar algo que viví, que me produjo un poco de orgullo y alegría, minúsculo en el gran escenario universal, y pasarlo por esta maquinaria, tratar de capturar un poco de esa emoción que lo hizo tan importante para mí, y entonces soltarlo al mundo. Y, si lo hice moderadamente bien, puede que entre todos los que se rían y digan "que bueno que nos cuentas eso, ya andabamos con el pendiente", haya alguien que pudo meterse en mi cabeza y ver con mis ojos, y disfrutarlo de la misma manera en que yo lo hice.
Pocos placeres son tan únicos como pasar un rato agradable, olvidándote del mundo, leyendo arrobado las experiencias de alguien más. Y no es que yo lo haga como favor a nadie, ni que crea que es un regalo para el mundo. Es sólo... que no me basta vivirlo, pensarlo y sentirlo, sino que necesito dejar constancia de ello. Si fuera pintor, cineasta o escultor utilizaría mis habilidades para el mismo propósito. Repasando mis archivo, las deficiencias de la técnica pueden asaltarme la vista comúnmente, pero ver todos esos fragmentos indudablemente míos, escritos con toda sinceridad y esfuerzo, asentados y coleccionados, para que yo o cualquier persona pueda acceder a ellos... es algo muy grande. No que tenga miedo de que mi memoria desaparezca o que quiera vivir a través de mis escritos para siempre. No, es más bien similar al sentimiento del arquitecto que contempla una obra recién terminada: "Yo hice esto".
Orgullo de la propia capacidad creativa. Sí, parte del rompecabezas definitivamente va por ahí...
Pedro Arizpe, 10/06/07


Posts: 1
Posts: 1
Deja un comentario