No sé por qué de un tiempo a acá, a donde quiera que voltee, el interés más grande se ha convertido en impresionar a todos, menos al que se debería estar atendiendo. Y lo peor, es que se trata de impresionar con comunicados de prensa y cifras, en lugar de hechos concretos. Es una epidemia que ha manchado casi todo lo que me interesa. Videojuegos, TV, la lucha profesional.... y hasta las cosas que no me interesan pero de las que tengo que estar relativamente pendiente, como la política. Apariencias, es el nombre del juego.

Los principales implicados en los lanzamientos de esta generación de consolas tratan de convencernos que han logrado éxitos monstruosos, citando unidades vendidas y escasez de producto. Yo me acuerdo que el éxito de un lanzamiento se medía en la cantidad de juegos de calidad con la que aparecía la consola. Tuve que checar dos veces para cerciorarme de que mi interés por los videojuegos no estaba muerto, y me di cuenta que no, que solamente esta generación es una desgracia. Sacaron las consolas por codicia, no porque era necesario; de lo contrario grandes juegos deberían estar listos de entrada, y no es así. No se me ocurre ningún juego disponible que quiera para el PS3 o el Wii, y tuvo que pasar más de un año desde su lanzamiento para que algo bueno apareciera en el 360. No había necesidad, la verdad. Con tanta carrera loca por sacar consolas nuevas se ha perdido esa presión, esa situación en la que la consola actual no podía sostener el avance en diseño y al momento de finalmente aparecer la nueva generación todo este potencial podía traducirse en un gigantesco salto generacional. Las diferencias entre el NES y el SNES en cuestión de creatividad sí ameritaban un "Super" de por medio; el salto entre consolas a últimas fechas se mide apenas en un puñado de líneas de resolución.

En la TV, la existencia de programas la define un vil número. Arrested Development fue lo mejor que le pudo haber pasado a la televisión, pero al nunca contar con buenos niveles de audiencia, finalmente truncaron su tercera temporada y acabaron cancelándola. No bastó con que la crítica fuera unánime al considerarla una obra de pura genialidad: muchos hasta pensaron que Fox se vio buena onda dándole tres temporadas al aire pese a que muy poca gente la veía. "Es negocio, a fin de cuentas, y menos rating significa menos ingresos por anunciantes", decían. ¿Es eso, entonces? ¿Dinero? No que piense que en FOX deban ser altruistas, pero ¿no les basta tener una obra de calidad certificada entre su programación, ser el hogar de una pieza cómica histórica? ¿Qué no deberían tener una obligación por ofrecer calidad, no lo que les genere más ingresos?
Ingenuo, claro. No deja de ser terrible.
Me recuerda lo que Mike J. Nelson dijo hace tiempo en una entrevista, en la que declaraba que estaba seguro que Mystery Science Theater 3000 no podría durar los mismos 10 años que duró al aire bajo el sistema actual. En su momento, primero en Comedy Central y luego en el Sci-Fi Channel, ellos mantuvieron un grupo de seguidores constante, pero nunca extraordinario. Eran los inicios del cable a principios de los noventa, y le daban toda clase de concesiones a la programación original. Bajo el regimen implacable del rating, MST3K no hubiera tenido oportunidad siquiera de dos temporadas: necesitaría tener una audiencia inmensa para justificar dos horas completas de tiempo al aire. Es por esto que actualmente un concepto igual de innovador podría hundirse al no ser un trancazo inmediato. A los tres semanas se vería cancelado, sin oportunidad de madurar, de encontrar su audiencia. Aún cuando fuera un excelente programa, si no genera grandes ganancias lo tiran a la basura y colocan en su lugar algo que agrade más al mínimo común denominador, algo menos elitista y excluyente, algo más seguro.

Hoy es Wrestlemania 23. Podré criticar todo lo que quiera el evento (como lo voy a hacer), pero eso nunca va a quitar que Wrestlemania es mi Super Tazón: el día más emocionante de la lucha profesional. Y pese a que lo voy a disfrutar, este evento para mi ha quedado manchado por el absurdo afán del presidente de la WWE, Vince McMahon, por conseguir cobertura en medios más comerciales. Es por esta razón que uno de los eventos principales incluye la presencia de Donald Trump, pues su presencia genera sustancial interés para la cadena E!, los programas Entertainment Tonight, Tonight Show, etc. por el producto. Lo cual en teoría es positivo, porque se hace con la esperanza de atraer el interés de gente que jamás se sentaría a ver un encuentro completo de lucha. Pero nosotros, los que apreciamos la lucha por lo que es, los que crecimos viéndola y emocionándonos con ella, nos dejan a un lado. Malgastan el tiempo en el que pudimos ver a London y Kendrick, colocando en su lugar a Trump vs McMahon; pudo haber estado en el programa Shelton Benjamin, y en su lugar se le da preferencia a Ashley, ese engendro plástico que no sabe luchar, sólo porque apareció en Playboy; y Steve Austin, que le vino a dar brillo a un Wrestlemania comparativamente débil, aparece principalmente porque debe estar visible durante la promoción de la nueva película de WWE Films, The Condemned.
Hey, WWE: si quieres tener la misma popularidad que tuviste a finales de los noventa, quizá te convendría más ofrecer un producto de calidad dentro del ring, en lugar de estar tratando de que te nombren en Playboy y Conan en base a cosas que poco tienen que ver con la lucha en sí.
Y llegamos al feo negocio de la política. Algo que he aprendido después de trabajar casi siete años en un periódico es que si necesitas que se corrija o castigue una injusticia, no vas a la policía, no vas con el alcalde o el gobernador: vas derechito con los medios. La base de la política mexicana se encuentra en las relaciones públicas, y nada mueve más rápido a las autoridades que algo que pueda amenazar o beneficiar su imagen ante la percepción del público. La gente que se supone está para servirte, para trabajar para ti, sólo se preocupa de que su nombre quede en placas y avenidas. Buscan ser recordados por mamotretos inútiles regados por la ciudad, en lugar de por todas las acciones de servicio que pudieron haber ofrecido a su comunidad.
Veo en todos estos escenarios un interés por querer obtener la fama sin hacer el trabajo que la sustente. Atajos. En el 2006 y lo que va del año la industria de los videojuegos ha atravesado una sequía creativa desconcertante en comparación con 2005, y aún así, se fuerza la salida de consolas innecesarias y se presume el negocio multimillonario que éstas producen. Las cadenas de TV mexicanas e internacionales celebran altos niveles de audiencia, abrazando la falacia de que entre más gente ve algo debe ser mayor su calidad. La WWE se congratula de capturar la atención de audiencia ajena a la lucha, pese a que desprecian al público que ya tienen y que este nuevo interés es ilusorio y no tiene nada que ver con el producto en sí. Y los políticos... bueno, la gente de Monterrey sabe de qué hablo.
Creo que el diablo representativo de esta tendencia tendría que ser Paris Hilton. ¿Qué ha hecho de valor esta mujer para ser famosa? ¿Qué le ha dado al mundo a cambio? Ha sentado el precedente para que niñas y niños, cuando les pregunten que quieren ser de grandes, digan "quiero ser famoso". Todos parecen estar en una loca carrera por cosechar los beneficios de un trabajo que no quieren hacer. Ante esta situación resuena en mi cabeza algo que dijo John Kricfalusi hace tiempo en su blog: "sólo la gente extraordinaria merece entretener". Tanta gente mediocre en puestos de poder, ya sea en la política o en la WWE, fabricándose un éxito de mentiritas, mientras que el verdadero talento se ve relegado y destinado a la oscuridad.
No siempre ha sido así... y sospecho que las cosas no podrán sostenerse de igual manera por mucho tiempo más. Habrá implosiones, pánico, cambios de emergencia. Y una de dos: o siguen en las mismas tratando de sacarle los huevos de oro a la gallina hasta quedarse sin nada, o dan los pasos atrás que tanto necesitan, para observar y darse cuenta qué es lo que los hizo grandes en un principio.
Pedro Arizpe, 01/04/07


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