Pese a que ya había olvidado la mayoría de los pequeños detalles, mis recuerdos más vívidos de Infernal Affairs siempre me remiten a su lirismo, a su visión casi romántica y poética del eterno cuento chino de tríadas contra policías. A veces se pasaba de glamoroso: la psiquiatra me parecía más modelo de shampoo que doctora. Pero al final todo encajaba: era una tragedia elegante, donde los momentos más crudos se traducían en algunos de los más bellos de toda la cinta.
Cuando Scorsese se puso a trabajar en el refrito, todo parece indicar que este estilo le disgustó notoriamente. Su principal contribución fue tomar esta imagen poética y revolcarla en el lodo, darle diez patadas y volver a poner todo en su lugar. La hizo urbana, realista, fea. Quizá le pareció erróneo presentar al crimen organizado como algo romántico, o pensó que no estaba tan claro el nivel de peligro y decadencia en ambos lados. No que esté particularmente mal: existen diferencias culturales y todo eso. Me parece a mi, sin embargo, que se trata de un ejemplo más de ignorar lo que originalmente hizo exitosa a una cinta.
La divergencia en estilo marca la pauta para la reinterpretación que hizo de los dos personajes principales. Infernal Affairs centraba su problemática en mantener la lealtad hasta sus últimas consecuencias u obedecer las necesidades propias; The Departed toma un giro y ahora lo que impulsa a sus personajes es miedo y paranoia. Es interesante, porque si bien no es un mal cuento que hilar, las dos cintas acaban contando historias muy distintas.
En Infernal Affairs, el criminal infiltrado en la policía comienza un camino a la redención con la muerte del comandante, y que finalmente sella el sacrificio de su contrario. En The Departed, los movimientos del mismo personaje son dictados por el miedo a que lo descubran (como finalmente sucede), no tanto por sentir apego a alguno de los dos bandos. El policía infiltrado con los criminales también sufre un drástico cambio, pero éste quizá más sintomático del pobre guión de The Departed. Tony Leung le imprime una muda desesperación a la interpretación de un hombre que lleva demasiado tiempo infiltrado, y que descubre su identidad cada vez más desdibujada. Uno de los momentos claves de Infernal Affairs es cuando él ve a quien pudiera ser su pequeña hija, lo que le hace ver todo lo que está sacrificando por cumplir con su deber. Cuando muere su oficial superior, la única persona que conoce su verdadera identidad, se percibe en Leung un verdadero sentimiento de pánico ante el prospecto no poder recuperar su vida.
A Leonardo Dicaprio, a quien por alguna razón siempre le he dado el beneficio de la duda, el personaje se le va de las manos. Desde los primeros minutos de su infiltración comienza a hacer pucheros y no se cansa de repetir que "no puede más", cuando en realidad se la pasa bien tranquilo entre los maleantes. Como en su contraparte, se percibe más un sentimiento egoísta de supervivencia, lo cual destruye cualquier conflicto interno entre el deber y los deseos propios.
En ninguno de los dos casos existe verdadera simpatía por el sacrificio que deberían estár sufriendo. La muerte del personaje de Martin Sheen, distante y de pocos diálogos, no se compara con la figura paterna que interpreta Anthony Wong, quien en todo momento aparece preocupado por el bienestar de su infiltrado. La muerte del personaje de Tony Leung es toda una tragedia cósmica, sobre todo porque segundos antes todos nos ilusionamos con que finalmente podría recuperar su identidad. La muerte del personaje de Dicaprio es... un chiste. Un susto de película b de terror. Algo quizá inesperado, pero que sólo sirve para ilustrar... ¿qué, es un juego ingrato en el que nadie gana? A lo mejor...
Y he aquí la gran diferencia: cuando al final Andy Lau mata a su compañero criminal, lo hace en venganza por la muerte de Tony Leung. Por haber matado a su hermano policía, por así decirlo. Cuando Matt Damon mata a su compañero criminal, lo hace para cortar todos los lazos con el crimen organizado y tratar de salir limpio de todo el desastre. Por eso a Damon terminan ejecutándolo, mientras que a Andy Lau se le da una segunda oportunidad.
Me intriga saber por qué sintió la necesidad de hacer estos cambios tan importantes, si durante el resto de la cinta puede apreciarse el respeto que Scorsese le tiene a la original, al grado de mantener muchas escenas casi toma por toma. Al final cuenta otra historia; no una más completa o redondeada, sino una muy distinta. Quizá ése fue su objetivo desde el principio. No se, nunca he apreciado el valor de hacer el remake de una película si no se va a conservar lo que la hace especial en un principio. Pero hasta poco antes de los créditos finales, The Departed no me había parecido una película ni buena ni mala, sino una entrada más sin pena ni gloria en la filmografía de Scorsese.
Pero llega esa toma final, y el sentido de todos estos cambios queda claro. The Departed toma a Infernal Affairs, la vulgariza, entorpece y elimina su sentido, hasta convertirla en una pedante y chabacana cinta más que advierte que el crimen no paga y que... ¿el sistema judicial de Estados Unidos está podrido? Whatever, old man...
Pedro Arizpe, 27/12/06


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