
"Está muy cargado" me advirtió mi esposa, al probar su taza de café. Asentí, satisfecho: tenía mucho trabajo y deseaba aprovechar al máximo la noche.
Esta vez el servicio en Sanborns fue mejor de lo normal. Quizá fue porque pedí dos rebanadas de pastel: ahora en vez de las dos tazas de siempre (tres, si le gritamos a la mesera) me tomé cinco. Muy rico el cafecito, me sentía muy bien.
Me la pasé toda la noche afinando los últimos detalles de mi comic más reciente. Siempre he sostenido que lo único que me provoca el café, aunque sea una media taza, es que me espanta el sueño: no me hace sentir más enfocado o con más energía. Sólo no voy a poder dormir en las próximas 6 horas. Reacciono de manera muy fuerte a la cafeína, y esta vez me había tomado cinco tazas de café muy cargado.
Eran ya las cinco de la mañana y estaba más despierto que nunca. Solté la pluma y le puse atención a mi cuerpo. Toda la noche había tenido la sensación de que algo me estaba molestando, pero sin poder acordarme de qué exactamente. No era nada: el café me estaba haciendo sentir así, por alguna razón. Mi corazón palpitaba un poco más fuerte que de costumbre. Al estar inmóvil, me di cuenta de que mi cuerpo estaba vibrando. No temblaba, como usualmente le sucede a los viciosos de café en las caricaturas: era más bien un cosquilleo que corría por mis brazos y piernas, una... radiación muy fuerte. Curiosa sensación.
Me dormí finalmente a las seis y media, sólo para despertarme por mi propia cuenta cinco horas después. Creo que todavía tengo café en el cuerpo.
Esta vez el servicio en Sanborns fue mejor de lo normal. Quizá fue porque pedí dos rebanadas de pastel: ahora en vez de las dos tazas de siempre (tres, si le gritamos a la mesera) me tomé cinco. Muy rico el cafecito, me sentía muy bien.
Me la pasé toda la noche afinando los últimos detalles de mi comic más reciente. Siempre he sostenido que lo único que me provoca el café, aunque sea una media taza, es que me espanta el sueño: no me hace sentir más enfocado o con más energía. Sólo no voy a poder dormir en las próximas 6 horas. Reacciono de manera muy fuerte a la cafeína, y esta vez me había tomado cinco tazas de café muy cargado.
Eran ya las cinco de la mañana y estaba más despierto que nunca. Solté la pluma y le puse atención a mi cuerpo. Toda la noche había tenido la sensación de que algo me estaba molestando, pero sin poder acordarme de qué exactamente. No era nada: el café me estaba haciendo sentir así, por alguna razón. Mi corazón palpitaba un poco más fuerte que de costumbre. Al estar inmóvil, me di cuenta de que mi cuerpo estaba vibrando. No temblaba, como usualmente le sucede a los viciosos de café en las caricaturas: era más bien un cosquilleo que corría por mis brazos y piernas, una... radiación muy fuerte. Curiosa sensación.
Me dormí finalmente a las seis y media, sólo para despertarme por mi propia cuenta cinco horas después. Creo que todavía tengo café en el cuerpo.
Pedro Arizpe, 14/08/10


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